Hoy tengo muchas ganas de escribir y poco tiempo. Muchas cosas corren por mi mente y quisiera plasmarlas todas para volver a leerme un día y recordar como es que me siento justo ahora.
No es el martes en el que me siento más fuerte, ni mejor que nunca. Quisiera cambiar muchas cosas de mi, todo lo negativo que sólo me lleva a seguir envuelta en lo mismo, mis dudas, mis miedos, mis malos hábitos, mis tontas fijaciones, mis estúpidos errores. Así mientras escucho Vienna de Ultravox, quisiera arrancarme al ritmo de ésa canción, todo lo que no me sirve, todo lo que me sigue contaminando, así como un pedazo podrido que sigue pudriendo a lo demás de mí.
Necesito fuerza, mucha para ser mejor y olvidarme de mi versión vieja y retorcida. No sé de dónde voy a sacarla, pero la necesito.
[video]
Dios existe
(Fuente: invaled, vía crandrapple)
¡Finalmente! La solución a los problemas de los gordos que amamos las carnitas.
(Fuente: weheartit.com, vía theanimalblog)
Nunca he sido una gran temerosa de la muerte, la entiendo como parte del proceso por el que todos venimos caminando, como el final al que se tiene que llegar para que esto pueda ser un ciclo, como la renovación del “alma” o del “algo” que se supone que nos conforma -y que me gusta pensar que existe-. Y sí, el miedo a lo desconocido es lo único que siento cuando pienso en la muerte, pero nada más.
Es un tema que no me había quitado más de 5 minutos de preocupación. Éso hasta hace 68 días cuando mi vida cambió y 2.7 kg que componen un pequeño cuerpo creado por el mío y el de alguien más, llegó a transformar los significados de tantas cosas en mi existencia, así como mi miedo a la muerte.
Ya no me importa si muero y no sabré qué sentiré, si muero y nadie me lleva flores porque todos me han olvidado, si muero y duele o se siente extraño, si voy a parar a algún otro lugar conformada por otro cuerpo, o si ya no hay más después de ésto. Me importa que si yo dejara de vivir, nadie, absolutamente nadie cuidaría de ése ser que ha nacido de mi como yo. Al menos nadie lo haría con el infinito amor que siento. Nadie abrazaría ni cuidaría de él como yo. Y no porque yo sea la mejor madre del mundo o porque lo sepa todo, sino porque éste amor que nació dentro de mí es irreemplazable e incomparable.
Así pues, mi mayor miedo es no estar presente en cuerpo y alma para dar lo mejor, ser un buen ejemplo y proteger a aquel niño de ojos gris-verdes que ahora es la mayor expresión de amor que la vida me ha dado.
Ando bien pinche blue. Tengo muchas razones para ser feliz, como el hecho de que me acabo de convertir en mamá. Ver el rostro de mi hijo y verlo sano, me hace feliz. Estoy sana también, estoy completa, me estoy recuperando muy bien, todo en general va marchando como debe ser, tengo un esposo y una familia que me ama. Pero, ¿qué me pasa?, me siento muy sola. Siento como si alguien me hubiera aventado al vacío o hubiera aterrizado en un lugar nuevo donde no conozco a nadie, ni a mi misma. No logro explicar porqué me siento tan triste, tan angustiada.No debo sentir ésto y a la vez me siento culpable entonces, pues sé que debería estar agradecida con el universo por brindarme lo que tengo, lo que me rodea. No quiero no saber valorar lo que debo, no quiero pasar por alto o disfrutar lo que está, lo que hay y lo que viene.
El problema es que no sé cómo parar ésto, no sé a quién decirle pues siento que nadie podría comprenderme, escucharme.
Así que al menos vengo aquí y lo escribo porque ya no aguanto.
Vivir en una ciudad tan grande tiene sus ventajas como el hecho de que encuentras todo lo que se te ocurre que quieres comprar, se presentan los mejores conciertos, hay transporte en todas partes, supuestamente existen mejores y más empleos, existen diversos lugares para distraerse o para conocer, y bla bla bla….
Y las pinches desventajas tan enormes como el tránsito del día a día, el estrés que éste produce, la maldita contaminación, basura en todas partes, las multitudes en el metro o en los transportes, los secuestros, robos y asaltos en la puerta de tu casa le roban el brillo a las ventajas que tiene el vivir en una ciudad como México.
Hace algunos minutos, una señora, afuera de mi casa gritaba “auxilio”; estábamos saliendo en ése momento e incluso vimos que pasó corriendo un tipo extraño que hasta volteó a vernos. Ya después supimos que ése hombre había intentado llevarse a la señora en su propia camioneta, forzándola a subirse y hacerse a un lado. Ella reaccionó de la mejor forma, al menos para su situación, lo pateó y gritó, así el tipo salió huyendo y ella se libró de algo terrible. Aunque creo que no es siempre lo mejor reaccionar así; no sabes si van a dispararte y acabar con tu vida en 2 segundos tan sólo por defenderte y gritar. ¿Qué debe hacerse en ésos casos?. Maldita sea, no lo sé y sólo sé que me estresa y me da miedo vivir en un monstruo como éste.
Hoy muy emocionada pedí una pizza, pues estaba sola y no tenía ni ganas ni gran energía para cocinar. Mi gran ilusión la mató Pizza Hut trayéndome ésta pizza fea, aburrida y con 5 de los 6 ingredientes que había pedido.
Los odio por hacer mi lunes más feo :-/
Ahora me estoy dejando llevar por “I see houses” de The Verve. Uno es muy necio escuchando canciones que sabemos nos van a romper en pedacitos por momentos.
Específicamente ahora, me he puesto a reflexionar en cuanto a cómo ha cambiado mi vida, y todo lo que me rodea. En que algunos de mis miedos han desparecido pero ahora también he conocido unos nuevos.
A ratos, en los últimos días, me he sentido algo desprotegida, solitaria e incapáz de poder compartir éste sentimiento. Éso mismo me ha hecho extrañar mis 8, 9, 10, 11 años, no lo sé, me refiero más al momento en el que me sentía totalmente despreocupada de todo, protegida por todo, como una pequeña niña al rededor de las faldas o los brazos de mi madre. Ése calor y alivio que uno siente cuando es niño y sabes que todo va a estar bien en cuanto tu madre te abraza, te consuela y te hace sentir que no tienes que preocuparte por nada, que no estás solo. Ésa sensación se ha ido y es extraño cómo me siento ahora.
Me preocupa que éso no vuelva jamás, que no exista otro gran consuelo y calor como el de la niñéz, que todo sea frío y adverso, que uno tenga que caminar siempre completamente solo durante ésta vida y sus espinas a los lados.